Miércoles 15 de abril 2026. Semana de Renovación. *Pensamientos de San Teófano el Recluso* (Hechos 2:22-36; Juan 1:35-51)
*Pensamientos de San Teófano el Recluso*
(Hechos 2:22-36; Juan 1:35-51)
La verdad de la Resurrección puede demostrarse mediante la razón basada en las Escrituras, y el incrédulo no puede sino reconocer la fuerza de sus argumentos, mientras no se haya apagado aún en su interior el sentido de la verdad. El creyente, sin embargo, no necesita pruebas, pues la Iglesia de Dios está llena de la luz de la Resurrección. Ambos indicadores de verdad son verdaderos y convincentes.
Pero pueden surgir y encontrarse contraargumentos a los argumentos de la razón, y la fe puede ser desafiada y sacudida por perplejidades y dudas, tanto externas como internas. ¿Acaso no existe una barrera impenetrable para la verdad de la Resurrección? Sí. Esto sucederá cuando el poder de la Resurrección, recibido en el bautismo, comience a manifestarse eficazmente en la destrucción de la corrupción del alma y del cuerpo, estableciendo en ellos los principios de la nueva vida. Tal persona caminará a la luz de la Resurrección, y cualquiera que hable en contra de la verdad de la Resurrección le parecerá un necio, así como alguien que camina de día dice que es de noche.

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