Anagnosis: Lectura Espiritual. Domingo 11 de Enero 2026. Salmo 83,18.
Anagnosis: lectura espiritual.
Domingo 11 de Enero 2026.
El Salmo 83, 18: “Dios les ha dado a conocer su nombre, para que todos los pueblos reconozcan que él es el único Señor”, se implica, con la theosis que aparece en la Filokalia. Los Santos Padres hablan de que, al conocer el nombre de Dios, experimentar su presencia y su gloria, el ser humano es llamado, no puede ser indiferente, a participar de la naturaleza divina, a “hacerse Dios” por gracia jaris. El Salmo, al proclamar, predicar en altavoz que el nombre de Dios será apocaliptado a todas las naciones, anuncia esa apertura universal a la deificación: la luz del Nombre divino, se extiende a todo el mundo, verdad belleza y caridad, para que, al reconocerla, los hombres entren en comunión con Él y, por tanto, sean transformados en su imagen. Este versículo no solo celebra la soberanía universal de Dios, sino que también sienta la base bíblica, incluso científica y teologica de la visión filocalítica de la theosis como participación plena en la vida divina.
Que más podemos decir cómo servidores ortodoxos?
Santificar el nombre de Dios es aceptar la revelación que Jesús hace de Él. Jesús nos muestra el rostro de Dios y nos hace conocer el nombre de Dios, darnos a conocer ese nombre, Jesús nos invita, a reconocer la presencia divina en nuestra vida cotidiana y a vivir de manera que ese nombre sea honrado y santificado. Dicho de otro modo la revelación del Nombre, no es solo información, un dato, o unas letras misteriosas, sino es la llamada, viva, real concreta al servidor que, al conocerlo, lo glorifica con su corazón y conducta.....
Lo importante no es la forma vocal que le demos, es irrelevante, lo que si importa es vivir de tal modo que se refleja la santidad de Dios, nombre sagrado y trascendente permitiendo que transfigure nuestra vida. Según los Santos Padres de la Iglesia ortodoxa, “santificar el nombre de Dios”, no es sólo pronunciarlo con reverencia, sino vivir de modo que todo lo que hacemos glorifique ese Nombre. San Juan Crisóstomo, dice que el Nombre de Dios es “una luz que ilumina al alma”; cuando lo confesamos, lo pronunciamos y le obedecemos, esa luz se refleja, e impacta en nuestras obras y en nuestras relaciones, es el acomodamiento divino en nuestro ser y desde el corazón con toda alma cuerpo y espíritu. San Basilio añade e ilustra que el Nombre de Dios es “el sello de la divinidad”, que se imprime en el corazón del creyente; guardar ese sello, que quema nuestra lengua y la purifica, el cristiano se vuelve partícipe de la santidad de Dios.
En la tradición hesicasta, San Gregorio Palamas, enseña que el nombre de Dios es una energía divina que, al invocarse con fe y oración, transforma al que la pronuncia. Así, la santificación del Nombre se entiende como una participación real en la vida de Dios, una “theosis” incipiente, que saboreamos y disfrutamos al alabar y honrar el Nombre, el ser humano se abre a la gracia jaris que lo hace semejante a Cristo. Entonces para los padres ortodoxos, la santificación del nombre implica reconocer la majestad de Dios en la oración y la liturgia, siempre desde el Reinado de Cristo. Es vivir conforme a sus mandamientos, por amor, de modo que nuestras acciones sean reflejo y testimonio veraz de esa majestad y autoridad. Es permitir que la energía del Nombre divino, tres veces Santo, opere en nosotros, transformándonos poco a poco.
El “sello de la divinidad” es una imagen que usan los Padres para describir cómo la gracia de Dios queda impresa en el ser humano cuando lo recibe con fe. No es un objeto físico, sino una marca espiritual, que no se borra: la presencia del Espíritu que transforma la naturaleza del alma y la orienta hacia la vida de Cristo. Cuando esa marca se “activa”, la luz divina, la energía no creada de Dios, comienza a iluminar y a renovar el interior del hombre, produciendo lo que la tradición llama theosis o deificación.
En la práctica, esa luz actúa de varias maneras:
Iluminación, abre el entendimiento, nuestra facultades, para percibir la verdad de Dios más allá de lo meramente racional, es metalógico, mistico.
Sanación, purifica las pasiones y las heridas del alma, devolviéndole su integridad, totalidad original.
Unión, permite que la voluntad del hombre, se alinee con la voluntad divina, sinergia, de modo que el amor de Dios se refleje en los actos. Hacer su voluntad se convierte en el pan diario del fiel.
San Basilio sobre este sello, como “el carácter de la imagen de Dios que se graba en el corazón”, está en armonía con lo que dice San Gregorio Palamas, que explica que la luz que actúa en el alma es la energía divina, que, sin cambiar la esencia de Dios, sí transforma la nuestra. ...
Podemos estar agradecidos a la Parádosis de la Iglesia Ortodoxa que nos enseña el punto de vista correcto.
Muchas gracias.
P Stephanos.


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