Sábado 3 de Enero de 2026. Sábado de la semana 30 después de Pentecostés Sábado de la Natividad de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo

Sábado 3  de Enero de 2026. Sábado de la semana 30 después de Pentecostés

Sábado de la Natividad de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo
Antifestín de la Natividad de Cristo.
Sábado de la Natividad del Señor Meditación sobre la longevidad de los patriarcas..



En este santo sábado, al reunirnos los ancianos, los servidores y todos los fieles en oración y meditación centrada, volvemos nuestro corazón al relato de la creación y al misterio de la caída. El texto diario, clave diaria, nos recuerda que Adán vivió novecientos treinta años y luego murió (Gén 5,5). La misma fórmula se repite en los nombres de Matusalén – “vivió novecientos sesenta y nueve años y murió” (Gén 5,27) – y de Noé – “vivió novecientos cincuenta años y murió” (Gén 9,29). Cada uno de estos versículos sigue la estructura “vivió X años… y murió”, y nos invita a contemplar,  la brevedad terrible de la vida terrena frente al kairos eterno de Dios.
Los Padres de la Filocalia insisten en que la finitud del cuerpo es un llamado a la vigilancia constante (nepsis) y a vivir cada día como si fuera el último, pues la muerte puede llegar en cualquier momento. La cifra de 930 años, aunque para nosotros parezca una exageración, es, a los ojos de la eternidad, apenas un suspiro. Así, el relato de Adán y de los patriarcas, se convierte en un “memento mori” que nos urge a no postergar la búsqueda de la unión con Dios, a cultivar la humildad, la gratitud y la oración del corazón. La longevidad física se transforma, pues, en una oportunidad para crecer en santidad, para ser portadores del aceite de la luz interior y para ser sal en el mundo, una oportunidad para crecer en santidad ser Teóforos en este orbe, llevar el aceite de resguardo para la lámpara, tener el ojo brillante.
Desde la tradición ortodoxa, podemos vivir esta enseñanza durante el Ayuno de San Felipe y en la preparación de la Navidad. En la liturgia del ayuno,  las breves lecturas de Génesis 5,5‑6 y de los versículos de Matusalén y Noé, desde la  explicación de  la parádosis de la Iglesia,  con la fidelidad de los santos patriarcas, como Sadoc, que ungió a Salomón y mantuvo la línea davidica nos ilustran el significado de lo que es ser obediente y leal. Al romper el ayuno, cada bocado puede ser una pequeña oración del corazón, que recuerde la fragilidad del cuerpo, su necesidad de alimento  y la urgencia primordial de la Theosis. En la vigilia de Nochebuena, al encender la vela,  decimos “Así como el cuerpo de Adán se apagó, la Luz del mundo se enciende en mí”, recordando que la verdadera vida, es la que se vive en comunión con Dios, más allá de los años que contemos en este mundo.



Mañana conmemoramos los antepasados de Jesús, vemos la conexión  con la humanidad: Muestra la plena humanidad de Cristo y su incorporación a la historia humana, como el Señor de la historia en  su divinidad, haciendo de este mundo su hogar, un aspecto fundamental en  la Encarnación y vital en la teología Ortodoxa.
En el Evangelio según san Mateo se los nombra a todos; desde Adán nuestro Padre, hasta el Justo Patriarca San José, esposo de la Virgen María, que obediente al mensaje del Arcángel Gabriel, cumplió el mandato del Señor y acogió a su Doncella  Desposada, Quien en su seno llevaba el Fruto bendito, engendrado por obra del Espíritu Santo y ya ratificado por la primera Alianza. Entonamos los Kondakios a los ancestros,
"Venid todos a celebrar fielmente la Natividad de Cristo; cantad y tocad las trompetas, los profetas de Dios se regocijan, los pueblos y las naciones baten palmas, porque la salvación y la iluminación de todos está cerca, porque Cristo ha nacido del Virgen en la ciudad de Belén".
El Troparion a los Santos Ancestros de Cristo en la Carne, que se canta este domingo en el Servicio Divino, habla de las grandes hazañas de fe de los Padres justos del Antiguo Testamento, pero la mayor parte del Troparion está dedicada a los santos El profeta Daniel, que estaba entre los leones y los tres jóvenes que estaban en el horno de Babilonia, que mientras estaba en las llamas de fuego del horno al rojo vivo permaneció ileso, siendo al mismo tiempo visitado por el rocío del Espíritu y la presencia de el Ángel del Señor, todo lo cual prefiguraba el movimiento de Cristo en el seno de la Santísima Virgen y el nacimiento del Dios-hombre de Ella, que no quemó Su seno con Su Divinidad, sino que conservó ilesa Su virginidad. Este tropario de los Ancestros dice así (tono 4): "Grandes son los logros de la fe. En la fuente de la llama los tres Santos Jóvenes se regocijaron como si estuvieran descansando junto a las aguas. Y el Profeta Daniel se mostró ser pastorea a los leones, como si fueran ovejas. Por sus oraciones, oh Cristo Dios nuestro, salva nuestras almas".....
Así la Iglesia,  empieza  el período de “la preparación para el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”. El domingo anterior a la Navidad es conocido como “el Domingo de la Genealogía”: en el recordamos a todos los patriarcas del Antiguo Testamento y a los padres que precedieron la venida de Cristo al mundo.
El domingo anterior a éste, es  el “Propateron” o domingo de los antepasados de Cristo en el que recordamos a sus padres y abuelos.
La estructura de los santos  oficios ortodoxos, desde ese día y hasta la Santa Navidad, es simil a la Semana Santa, pues el nacimiento del Hijo de Dios, es el inicio de nuestra salvación, ya realizada.  Dentro de ésta semana se celebra el famoso oficio del “Paramon” o sea de la preparación a la Navidad, en el que, además de las Horas Reales y las Vísperas se celebra la Divina Liturgia de San Basilio el Grande, de la misma manera que un Viernes Santo antes de la Gran Pascua, pero con los cambios  de la Navidad.


 
Vivimos la fe en la Encarnación,  desde la lectura de la genealogía, nos  prepara  para la Navidad, afirmando que Dios se hizo carne en Jesús para salvar a la humanidad de sus pecados. Reflexionar sobre las lecturas y el texto diario implica una gran fé, en una verdadera



 revivificación, de ese modo tendremos el espíritu de los Padres y sobre todo a través de la Liturgia viviendo las verdades contenidas en las Escrituras desde la Parádosis. Está teología es viva porque impulsa a la acción proponiendo las verdades teológicas en forma de vida práctica.
Que este sábado, y todo el tiempo del ayuno de San Felipe,  nos encuentre caminando con paso firme, como la “Santa Pedaleón”, hacia la plenitud del Reinado de Cristo guiados por la luz de Cristo que nació para nosotros. Amiñ
           Padre Stephanos.

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