Viernes 9 de enero 2026. Anagnosis: "Le dijeron: Señor, danos siempre este pan" Jn 6,34.

 


Viernes 9 de enero de 2026 / 27 de diciembre de 2025

Semana 31 después de Pentecostés. Tono cinco.

Sviatki. Sin ayuno.

Santo protomártir y archidiácono Esteban (34).

Anagnosis: "Le dijeron: Señor, danos siempre este pan" Jn 6,34. 

Marcos 6, 34‑44: "Jesús ve a la multitud hambrienta, tiene compasión y, con cinco panes y dos peces, alimenta a miles. Los discípulos preguntan cómo conseguirán pan; Jesús muestra que la provisión viene de lo que Él ofrece.

2 Reyes 4, 42‑44: "El profeta Elías recibe una ofrenda de veinte panes de cebada y un poco de aceite; al repartirla, Dios la multiplica y alimenta a cien hombres, sobrando aún.

En la espiritualidad ortodoxa, estos relatos, son indicativos de la Teosis, la unión mística con Dios, la multiplicación del pan prefigura la Divina Eucaristía, donde Cristo, el Pan de Vida, se entrega para que los fieles participen de su naturaleza divina. La Divina providencia de Elías anticipa la cooperación humana con la gracia que transforma al ser humano, llevándolo a la unión mística con Dios....

Cómo podemos aplicarlo a este tiempo navideño? 

Cristo se presenta como el Pan de Vida, alimenta a la multitud, muestra que Él, es la fuente de la vida divina y, al participar de ese pan, los creyentes se incorporan a la naturaleza divina, iniciando la transformación que culmina en la unión mística con Dios.

La ofrenda de Elías, es movida por la compasión, por la misericordia ofrece lo poco que tiene y Dios lo multiplica, prefigurando de ese modo la cooperación humana con la gracia jaris, sinergia que lleva a la deificación, divinización, es poner en practica la libertad.

En la Divina Liturgia ortodoxa, cada vez que se parte el pan y se bebe el vino se actualiza esa unión: el fiel se “alimenta”, de la divinidad de Cristo y participa así de su vida gloriosa, avanzando hacia la Theosis.

En el párrafo, la palabra *vida* aparece en dos momentos: cuando se dice que Cristo es “la fuente de la *vida* divina” y cuando se menciona que los creyentes “se incorporan a la naturaleza divina, iniciando la transformación que culmina en la unión mística con Dios”, implica el valor en si, ahí “vida” está ligada a la idea de la existencia divina que se comparte.

En la teología ortodoxa, Theosis, se suele traducir también como, deificación, *divinización, unión con Dios. Son sinónimos que expresan el proceso por el cual el ser humano participa de la naturaleza divina.

Un santo Pavel Florensky en sus sus frases más citadas dice: 

“La vida es la participación en la vida de Dios; el amor es la forma suprema de esa participación.”

Esta cita, resume bien la conexión entre la vida, la gracia y la Theosis. 

La relación está en cómo cada misterio revela la misma dinámica de *teosis*: Dios entra en nuestra condición humana para que nosotros podamos entrar en la vida divina.

En la noche, de este mundo, la luz de Cristo, nace en la oscuridad del pesebre. Esa noche, no es sólo una hora del día; es la “noche del pecado”, del aire de este mundo por las fuerzas invisibles inicias, que la presencia de Dios disipa, cómo? El viento sopla dónde quiere, recordándonos que la verdadera luz, esa lámpara con el myron bendito, es la vida que Él comparte con nosotros, Él es fuente divina.

La virginidad de María, muestra que la encarnación es un acto puro, sin la intervención de la naturaleza caída. Su “sí”, incondicional, en el designio bendito, permite que la vida divina, se haga carne, sin ser contaminada, por la mácula de lo impuro y al recibir al Verbo, ella se vuelve la “puerta de la Theosis, para toda la humanidad.....y San José, el Santo Silencioso, nos 

El *nacimiento de Cristo* es la primera manifestación concreta de la unión de lo divino y lo humano. En él, la vida eterna se inserta en el tiempo, en nuestro tiempo Cronos, ofreciendo a cada persona la posibilidad de participar de esa vida mediante la gracia, eso es jaris. 

La muerte y resurrección, culminan el proceso: la muerte destruye la condición mortal, y la resurrección abre la puerta a la vida plena, la verdadera “vida” que los santos buscan alcanzar, en la resurrección, la theosis se realiza de forma definitiva: el ser humano es transformado a imagen de Cristo, compartiendo plenamente la vida divina.

De este modo, los misterios de la noche, la virginidad de María, el nacimiento, la muerte y la resurrección forman una cadena de actos salvadores, que, paso a paso, llevan al creyente a la unión mística con Dios.... 

San José aparece como el testigo silencioso, que sostiene cada uno de esos misterios. En la noche del pesebre, su presencia discreta, es la que permite que la luz de Cristo, se alumbre sin ser apagada por la oscuridad; su obediencia abre el espacio para que la luz divina se haga carne.

El esposo virginal de María, custodio de la Sagrada Familia, refuerza la pureza del acto encarnatorio; al aceptar el “sí” de María, él también da su “sí” al plan salvifico de Dios, convirtiéndose en la puerta humana, que permite que la vida divina entre en el mundo sin mancha. En el nacimiento, José es el cuidador que protege al Niño y lo lleva al Templo de Jerusalén, recordándonos que la theosis no solo se recibe en la intimidad del corazón, sino que se vive en la cotidianidad del trabajo y la responsabilidad familiar.

Aunque no está presente en la Pasión, su silencio instruye se extiende a la cruz: al no hablar, se asemeja al “silencio del siervo”, que permite que el sacrificio de Cristo se cumpla. Su ausencia en los relatos de la resurrección, recalca que la gloria final trasciende cualquier protagonismo humano; él se retira para que la luz de la resurrección brille sin obstáculos....

Así, San José encarna la actitud de entrega total y de “no ser visto” que, paradójicamente, es esencial para que la humanidad sea elevada a la unión con Dios....

Pedimos al Señor que en este día

 San Esteban, el primer mártir, nos ilustre a vivir en los misterios. Como José permanece en silencio mientras la luz de Cristo se manifiesta, Esteban guarda su testimonio en la oración y en el perdón cuando es apedreado. Su “silencio” no es ausencia de palabras, sino la entrega total a la voluntad divina, su voz es el cielo,su actitud refleja la misma humildad que mostró José al cuidar al Niño...

En el momento de su muerte, Esteban mira al cielo y ve la gloria de Dios; esa visión es la culminación de la theosis: el ser humano participa de la vida divina aun cuando el cuerpo se apaga. Su oración “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” recuerda el sacrificio de Cristo en la cruz y la disposición de José de retirarse para que la obra salvadora brille.....

Así, el martirio de Esteban se convierte en un espejo del misterio de la pasión y resurrección: la muerte aparente abre la puerta a la vida plena, y su testimonio silencioso refuerza la idea de que la unión con Dios se alcanza a través del abandono total, tal como lo hizo José en su papel de testigo oculto.

Gracias.

P Stephanos.

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