Domingo 26 de abril 2026. Lecturas de las Escrituras Hechos 6:1-7 Marcos 15:43-16:8
Lecturas de las Escrituras
Hechos 6:1-7
Marcos 15:43-16:8
Domingo 26 de abril 2026.
El Servicio que nace de la Fe.
En aquel tiempo, un condenado a muerte no tenía una sepultura digna, después de la muerte indigna de un condenado en la cruz, el cuerpo se dejaba colgado a la vista, para que los buitres lo devoraran, de acuerdo con las leyes romanas. Las leyes de Israel, a un condenado se le debe dar al menos una sepultura en una fosa común, además es el día siguiente siempre comenzaba después de la puesta del sol de este mismo día, respetando las tradiciones judías. Se acercaba la Pascua y habia un judío suspendido en una cruz en el día de la fiesta. Estas dos situaciones hicieron que Jesús tuviera un sepulcro nuevo, gracias a la interferencia de José de Arimatéia y Nicodemo (Jn 19,38). Es tradición piadosa recordar como las Mujeres Miróforas, quienes junto a José de Arimatea, personifican un amor que no se rinde ante la derrota aparente de la cruz. La Iglesia destaca el papel de José de Arimatea y Nicodemo, en el momento en que los doce apóstoles estaban dispersos o escondidos por miedo, estos hombres, que antes seguían a Cristo en secreto, actuaron a la luz del día y a voces con audacia pública ante el procurador.
La fe puede transformar el estatus social en un instrumento de piedad. Era costumbre, después de la muerte de un judío, ungir el cuerpo con aceites aromáticos, en un intento de suavizar el olor de la corrupción corporal provocada por la muerte. Este servicio siempre estuvo encomendado a las miróforas (mujeres que tenían la misión de ungir el cuerpo del muerto con aromas. Portadoras de aroma) y quienes tenían una relación muy cercana para realizar tales funciones. Hoy, en el segundo Domingo después de Pascua, el Calendario Litúrgico de nuestra Iglesia les rinde homenaje a estas mujeres, atribuyéndole una memoria única, con oraciones y cantos propios, iniciándose el anuncio de la Resurrección, Buena Nueva y por eso obtienen el recuerdo honorable en la Liturgia.
La liturgia recuerda repetidamente el cuidado solícito de las mujeres que, en el primer día de la semana, temprano, dejan sus hogares para terminar los rituales del entierro realizado de forma muy rápida el día anterior a la Pascua, conforme leemos en el Kondakion de hoy: “Cristo, Dios nuestro, tu alegraste a las mujeres con tu resurrección, y consolaste el llanto de Eva. Las enviaste a tus apóstoles a anunciar: el Salvador ha resucitado de entre los muertos”. El cuidado con las costumbres del pueblo hebreo, convierte las mujeres en los primeros testigos de la Resurrección y se les da el nombre de "Apóstoles de los Apóstoles" y "Mensajeros de la Buena Nueva". Los cuatro evangelistas narran este fundamental episodio, pero Marcos y Lucas insisten en nombrar sus nombres: María Magdalena, Salomé, Juana, Marta y María (hermanas de Lázaro) y María, madre de Santiago (Mc 15,40 y Lc 24,10). Si esos aromas estaban destinados a Aquel que había muerto, ya no servían, porque del sepulcro vacío manaba el suave aroma de la vida.
Desde el libro de los Hechos de los Apóstoles, la elección de los primeros diáconos, para auxiliar a los apóstoles en la función que Cristo dejaba a su Iglesia: ministrar: servir y no ser servido. Para avanzar en caridad y no en murmurar por oración se selecciona a siete varones sin tacha, honorables y dispuestos a trabajar por el Reino.
Ellos asumían un servicio en la Iglesia naciente: auxiliar o hacer menos pesada la tarea a los apóstoles en la misión evangelizadora, que es servir a los necesitados y pobres. Este discipulado en la Iglesia es primordial: a servicio a los necesitados. Los problemas siempre presentes se solucionan desde la oración y voluntad, se instituyó el diaconado, recordándonos que servir a las mesas es tan espiritual importante como la oración y la predicación, extensión de la liturgia en la vida diaria servir a los pobres y organizar la caridad, predicación y testimonio es una actividad espiritual como la oración. Tantas personas que ejercen la función de ayudar en la misión de la Iglesia, sirviendo. Es una función vocación entrega de todo el bautizado, ponerse a servicio en la realidad de su propia comunidad, ayudar, servir en la obra evangelizadora de Cristo, que quiere que todos se sientan bien. Rezamos pidiendo al Señor que envié nuevos operarios para su mies. Solo así, la Iglesia podrá cumplir con su misión: anunciar al Señor, vivo, resucitado, y en medio de todos dónde la fe cristiana se manifiesta en el cuidado del otro y en el coraje de aparecer cuando otros huyen quién nos moverá la piedra?". El amor por Cristo era más fuerte que el temor a la guardia romana o a las autoridades. Dios elige el "bálsamo" dulce de las mujeres amor y fidelidad, y la "sábana" de José de Arimatea o sea la entrega de lo mejor de uno mismo y el de Nicodemo su aporte en el gesto de abundancia real que transforma el entierro en la sepultura de un rey. Según el Evangelio de Juan, sus contribuciones específicas fueron para preparar su victoria sobre la muerte

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