Domingo 3 de mayo de 2026 / 20 de abril de 2026 Lecturas de las Escrituras: Hechos 9:32-42 Juan 5:1-15
Domingo 3 de mayo de 2026 / 20 de abril de 2026
Lecturas de las Escrituras:
Hechos 9:32-42
Juan 5:1-15
.+ Cuarto domingo de Pascua: El paralítico. Tono tres.
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"La Misericordia de Dios es un camino de fe, atravesado por incertidumbre, la obediencia y perseverancia pero también por la luz. Estudiamos concienzudamente y leemos en oración el Nuevo Testamento, vemos como la Iglesia Ortodoxa sabiamente incluye estos pasajes en el canon como parte de la Revelación, el versículo de "un ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua", nos hace meditar sobre ese "versus" entre un ángel y Cristo que sana a todos, este versículo del ángel, se lo incluye en las Escrituras como parte de nuestra vida espiritual y litúrgica, sacamos provecho en esto. La antigua Alianza, no abarca a todos, es como el ángel que cura a uno, se necesita a Cristo. Betesda, significa "Casa de la Misericordia", se muestra como la enfermedad puede ser curada, pero carece del poder para curar el alma; solo Cristo podía realizar esa sanación.
Betesda es el lugar donde la miseria humana se encuentra con la esperanza de la intervención divina, fe que se ancla en todo aquel que no pierde el propósito de una curacion. Pero aquí lo grandioso se nos presenta y prefigura el bautismo, figura o tipo del Bautismo, precursor de la gracia cristiana.
El paralítico fue levantado, eso más que evidente, los Padres sobre todo nuestro padre San Juan Crisóstomo arzobispo de Constantinopla, resalta los 38 años de espera del hombre, de su aguante, parecería una espera como en el desierto de 40 años. Se destaca que, a pesar de tanto tiempo de fracaso y sufrimiento, el paralítico no blasfemó, ni se quejó contra Dios, recordamos al profeta Job, ni mostró envidia hacia quienes se sanaban antes que él, solo dijo una explicación humilde de su soledad: "Señor, no tengo a nadie" .....el Señor nos enseña ya, a no depender de circunstancias humanas.
Nosotros somos levantados de nuestra parálisis espiritual por la Resurrección de Cristo.
Vemos la condescendencia divina, el Dios que usa elementos para la salud física así cobramos animo para la salud del alma.
La Palabra es Sacramento misterio sublime para hacer el bien y no importa si es sábado y asi restaurar la dignidad humana en la santificación y el servicio, no en el cumplimiento rígido, vacío de la Ley, la sanación ocurre por la autoridad de la palabra de Jesús: "Levántate, toma tu lecho y anda" hay que aprender a leer detrás de la Ley, saber interpretar su espíritu.
Cristo es "el hombre" que se acerca a quienes han sido olvidados, es el hombre nuevo, que vino para enseñarnos que nos llenemos de pneuma y nos vistamos del nuevo hombre, personalidad santa, no lo podemos hacer por nuestros medios necesitamos del auxilio de la gracia jaris.
El sábado debe dar bondad no un límite, Jesús es el Señor del sábado, vemos el amor bendito y sacrificial ante un legalismo estéril, muy bien en su pedagogía divina nos hace razonar el Señor, en un criterio más que sabio, si alguien cayó en un pozo el sábado que hacemos? las obras de misericordia son superiores a la interpretación rígida de la ley ceremonial de los judíos. Es un sentimiento razonable que sin embargo no hace caer las escamas de los ojos de los líderes judíos.
No pecar más para una verdadera transformación espiritual, la voz de Cristo en su autoridad y poder nos levanta de la apatía e indiferencia espiritual.
Cuando encontró al hombre en el templo, le advirtió sobre la restauración espiritual y las las consecuencias del pecado,
La gracia divina debe "agitar" el alma para la sanación espiritual, nosotros vibramos y se nos caen las escamas como a Saulo.
El Bautismo (traído por Cristo) sana a todos y de forma espiritual esto es lo importante.
Ser fervientes y diligentes en buscar la salud del alma, no dejando pasar las oportunidades de gracia que Dios ofrece.
En humildad profunda el paralítico reconoce que, por sus propios medios o por ayuda humana, es imposible salvarse.
El Hombre-Dios (Jesús) es el que lo levantaría con su palabra.
Gracias




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