Lunes 4 de mayo 2026 Lecturas de las Escrituras: Hechos 10:1-16; S Juan 6:56-69

 Lunes 4 de mayo 2026

Lecturas de las Escrituras: 

Hechos 10:1-16;  S Juan 6:56-69



El cielo es acogida, nuestras parroquias y comunidades deben ser espacios abiertos, dar ese abrazo fraterno.  Si, el cielo es fraternidad, dónde hay muchas miradas entonces nuestras relaciones deben reflejar esa realidad.

Esto es el testimonio, la veracidad en aceptar, no lo vuelve menos atractivo o pesado, recordemos 'mi yugo es suave" dice el Señor! al contrario, lo hace verdaderamente hermoso, " y mi carga ligera", termina su frase,  y ahora vemos a Cornelio centurión romano con jerarquía y al mando, su servicio no pasó a saco roto sino Dios lo toma en su " memoria" para nuestra instrucción y tradición de la Iglesia. Donde antes había competencia, impurezas,  nace la gratitud, en la purificación de lo que Dios toca,  vemos como Pedro como siempre tiene algo que decir " yo jamás  comeré algo impuro", donde antes existía exclusión, ahora aparece la bienvenida a los gentiles sin acepción de personas. 





La fe, nos libera el corazón,  de la ansiedad por poseer, por sobresalir, por ganar prestigio para sentir que uno vale. En Dios, cada persona ya tiene un valor infinito único con nombre y apellido. Esa es la verdadera realidad, aunque el mundo,  haga creer lo contrario la verdadera "limpieza" es la que nace de la presencia divina. 

El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus errores, de la larga experiencia viendo en captar el sentido de las Escrituras 

Duras son las palabras para los seguidores de Jesús y aquí vemos esa división lo que lo siguen por el pan por su estómago y los que lo siguen desde un corazón que se compromete en la identidad del Señor a quien iremos Tu tienes palabras de vida eterna ! Y nuevamente vemos que Pedro deja esta frase que en todos los siglos resuena, Pedro rápido da en el clavo  es un testimonio de amor y fé. 

La respuesta ortodoxa,  es el silencio ante el cáliz y la confesión de Pedro, es el idioma de Dios,  misterio del Cáliz  y la cruz pesada,  nos injertamos en la vida divina y nos nutrimos de la savia. 

Nos quedamos con Aquel que es el único capaz de saciar nuestra sed en la fuente de agua viva.  Sólo en Él, como Pedro y Cornelio, se nos desvela que somos partícipes de una santidad que no es nuestra, sino de Dios habitando en nosotros divinidad que participamos desde la jaris permanencia, es el inicio de nuestra theosis. Al participar del Cuerpo y la Sangre de Cristo, no solo recordamos un evento pasado, lo reactualizamos como eco en el cosmos 

La reflexión de los Santos Padres  sitúa el error en el centro de la experiencia humana y cuestiona la fe ciega en la razón,  desafio a la lógica humana como único motor del progreso por eso la razón va de la mano con la fe que nos une en la creación y en el lenguaje de la divina Liturgia en la  Persona de Cristo. 

 Pedro y Cornelio nos muestran  el Reino de Dios, en un banquete para todos,   no es una fortaleza de exclusión, tampoco un muro, tampoco es un lugar de 

 es una fiesta de recibimiento  universal. La "limpieza" no reside en el cumplimiento de normas externas, muy importantes, pero frágiles sumándose nuestra imperfección,  y olvidándose del amor la fe y esperanza,  es la maravillosa  capacidad de ver el rostro de Cristo en el hermano y en el misterio del Cáliz todo otorgado por Dios traído por el Padre, al participar de la Divina Liturgia, dejamos atrás la ansiedad y  lo ostentoso del mundo y el peso de la razón solitaria, para injertarnos, mediante la Jaris, en la vida misma de la Trinidad. Como Pedro en Cafarnaúm, nos quedamos junto al Señor, no porque comprendamos todo con la razón, sino porque nuestro corazón se ha convertido en su fuente. La Theosis comienza precisamente ahí: es el abrazo fraterno de nuestras comunidades y en el silencio sagrado ante la Divina Eucaristía, donde nuestros errores se transforman en discernimiento y sabiduría y nuestra humanidad es divinizada por los méritos de Cristo.  Somos, pues, portadores de luz llevando la perla de gran precio,  que no nos pertenece, pero que nos habita cuidando la del polvo, hollin y lo perecedero, hasta que venga el dueño de la finca, su   presencia viva de Aquel, que nos preguntara que hicimos con los dones talentos, recibidos,  el que hace nuevas todas las cosas y revierte  nuestra carga,  en ligera y nuestra vida en un eco eterno de Su amor en el cosmos eternidad beatífica del Reino de Dios. 

Gracias.




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