Miercoles les 6 de mayo 2026 Lecturas bíblicas: Hechos 14:6-18; Juan 7:14-30.

 



Miercoles les 6 de mayo 2026
Lecturas bíblicas:
Hechos 14:6-18; Juan 7:14-30.
Las expresiones  del Evangelio nos nutren y nos basamos en el juicio orante del Santo Espíritu consolador que está en todas partes. Cristo habla con autoridad de Aquél que le envío, su argumento pedagógico y divino, nos asombra hacer el bien en sábado.
Quieren atraparlo,  matarle, pero son detenidos por esa mano invisible
La humildad de los siervos de Dios,  son humanos con las mismas debilidades, son servidores y no aceptan adoración ni sacrificio, Pablo  y Bernabé estaban tratando de llevar a los gentiles de la idolatría hacia el conocimiento (gr: epignosis) del "Dios Viviente", la creación,  da y es testimonio silencioso de la bondad de Dios, la creación es "instintivamente sabía", ("Cuatro seres hay pequeños en la tierra, que son sabios entre los sabios"





 
Prov 30,24 Biblia de Jerusalén), para con toda la humanidad;  Dios se dió a conocer a todos los hombres a través de la belleza,  el orden de la creación, como una forma de revelación continua, anticipo del Verbo,  dónde percibimos que  todo lo creado,  es un constante canto litúrgico a Dios, donación del Dios donado.
Para entender y saborear la verdad, la disposición del corazón para hacer Su voluntad, es clave para que  la fe "ilumine" la razón, colaboración centrante de la oración continua.
Los sacerdotes se nutren de la palabra de la indicción,  y de la Parádosis, quedando el presbítero en el anonimato del Altar. El fiel creyente capta, y  conoce por participación en la gracia increada (gr: jaris) "ventilando"  el nous,  el ojo del corazón, cayendo las escamas de la penumbra y viendo ya no lo externo sino la sabiduría misma encarnada, esto es purificar la Theoria desde una espiritualidad crística,   adherida a la docencia de la Iglesia, es desear con vehememcia "ver a Dios "desesperación" que es una ascesis.
El foco de atención que se muestra en las lecturas es que el lector se transforme, y vea que Jesús es la fuente de vida. Transitar el camino de santidad aún en el peligro y persecución,  es enaltecer el Evangelio en las Buenas Nuevas del Reino, San Sava nos da el ejemplo se hace un servidor humilde, el campesino sin formación teológica tiene un grado de percepción espiritual que oscurece al más docto.  Aprender, ver el cuidado directo de Dios en el desierto, en la fe operativa, que obedece, confia y camina por el desierto hacia Él, que nos fortalece en la fe y renueva la esperanza.
Hacer la Divina Liturgia es la función del sacerdote, renunciar a este mundo, mantenerse fiel a Cristo, cuando el mundo ofrece ídolos de papel y espejismos   en una   persecución a nuestra voluntad,  pero es aquí donde el Señor te toma de la muñeca y te hace saltar al desierto. 
.+ La meta del buen cristiano ortodoxo,  este tránsito, es la unión plena con la Fuente de Vida a través de la Divina Liturgia, donde el desierto limpia y  purifica nuestra mirada, incluso nuestro entorno porque nuestro ojo del corazón o del entendimiento, se transfigura.  Esa misma "mano invisible" que detiene al perseguidor, que protegió al profeta Moisés,  es la que nos sostiene,  en el salto hacia la verdadera libertad de los hijos de Dios (leer Apoc 21,7 "Esta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí.»)
Al despojarnos de ídolos, de imágenes engañosas, de espejismos, el nous sanado, reconoce en la creación y en el Altar, el canto sublime del Eterno, del Dios donado. Así, la ascesis se transforma en encuentro místico y porque no decir real,  dónde  la fe operativa, es una esperanza que diviniza nuestra frágil humanidad, no es por una fuerza humana, sino por la autoridad de Aquél que envió al Verbo.
El objetivo final de "ver a Dios", purificar la Theoria y ventilar el nous, en el creyente ya no solo busca a Dios, sino que habita ya en Él, no sea solo un deseo intelectual, sino la unión plena con Él, donde el humano se diviniza por la gracia (jaris).
La mera final de "ver a Dios" no sea solo un deseo intelectual, sino la unión plena con Él, donde el humano se diviniza por la gracia (jaris).
Esta Mesa en Común, es la meta   de quienes, como Pablo y Bernabé, huyen de la gloria humana,  para refugiarse en la Parádosis de la fe verdadera. En la Escala del Paraíso de San Juan Clímaco, el peldaño de la obediencia es el que nos permite, como a Jesús en el Templo, hablar con la autoridad del Padre y no con la propia. Al final, la persecución mencionada en el Evangelio no es un muro, sino el último escalón de purificación donde la mano de Cristo nos toma para saltar al banquete eterno. Quien sube por la humildad, ve caer las escamas  del nous y descubre que la meta no es un conocimiento intelectual, sino el Amor que se entrega en la fracción del pan.
La creación, instintivamente sabia, rinde un testimonio que el nous purificado capta como un canto litúrgico. Como dice Job 12:7-9, hasta las criaturas aladas informan de la mano del Creador, permitiendo que la fe ilumine la razón en una revelación continua, testimonio Silencioso y al mismo tiempo sonoro. Esta fidelidad,que para los animales es obediencia natural,  actúan por instinto, tal como el fiel, actua por una fe que "confía y camina sin aun ver el horizonte".
Es el mismo  razonamiento. que nos lleva a rechazar ídolos y a saltar al desierto, culmina en la promesa de Revelación 21:7: la herencia del vencedor que llega a ser hijo para Dios. Así, la Mesa en Común se convierte en el banquete eterno donde la Parádosis se cumple, y el siervo humilde, tras subir la Escala de San Juan Clímaco, descansa por fin en la libertad de los hijos de Dios, viendo ya no lo externo, sino la Sabiduría encarnada, el Evangelio transformante,  perfomativo, cautivante y  actual.
En la Liturgia Eterna,  de lo creado, Dios se apocalipta  como el Artersano que nunca nos deja  sin testimonio (leamos al profeta Job); en el libro de los Hechos 14, la lluvia,  las estaciones son el lenguaje de los Logoi, esas razones divinas ya sembradas en la materia que Job 12:7-9, nos  invita a consultar, porque hasta las bestias informan de la mano divina que las sostiene. Esta armonía natural,  es captada por la humildad del campesino, por el hombre orante y penitente, cuyo nous limpio, sin mácula ni tacha,  percibe la sabiduría de Cristo en Juan 7, reconociendo una autoridad, que el legalismo docto y cruel  no puede ver, obnubilados  por juzgar según las apariencias.
La filiación divina transfigura radicalmente nuestra percepción del desierto: ya no es un lugar de abandono o castigo, tampoco de soledad, sino es el espacio de libertad donde el Padre nos toma de la muñeca para saltar sobre los espejismos, el ruido ensordecedor del mundo y el sabor del aire de este mundo, leamos Efesios 2, 2 de la versión Torres Amat,  se traduce de la siguiente manera:
«En los cuales anduvisteis en otro tiempo, según la costumbre de este mundo, siguiendo al príncipe de las potencias de este aire, al espíritu que ahora ejerce su influjo sobre los hijos de la incredulidad.",
En esta perspectiva, el concepto de "vencer" en el Apocalipsis se funde con la ascesis, pues la victoria, no es el dominio externo, sino la renuncia a la propia gloria empezando el desapego del yo, renunciando a sí mismo, es  la
Libertad del vencedor, vencer es, dejar de respirar esa "costumbre de este mundo" para recibir el pneuma (soplo/espíritu) de la Gracia.
—como Pedro y Juan, hombres sencillos comunes si se quiere, sin letras y del vulgo, (campesinos/pescadores),  su percepción espiritual oscurecía al más docto porque habían estado con Jesús y responden en libertad:  "Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" , como responden? No tengo plata ni oro". Al igual que el campesino humilde, su poder no reside en lo que poseen, sino en la gracia increada (jaris). Ofrecen su pobreza para revelar la autoridad interna,  rasgando la apariencia de la carencia.
Otro duo Felipe y quien más? El espíritu, que hacían? Felipe muestra la fe operativa que obedece y camina sin cuestionar, llevando al etíope al conocimiento (epignosis) del Dios Viviente, su gesto es el del presbítero en el anonimato del Altar. La Palabra ha sido entregada y el sacramento realizado, el servidor se desvanece para que solo quede la epignosis del Señor en el corazón del fiel. Se funden en el anonimato para que la Liturgia constante continúe en el camino del desierto.
Rasgando sus vestiduras— para que solo el Dios Viviente brille. Vencer, por jaris,  es ser  fiel en la persecución y en el anonimato en el Altar, permitiendo que la fe operativa nos conduzca a la Mesa en Común como hijos y herederos.


















 








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