Sábado 16 de mayo 2026. Lecturas bíblicas: Hechos 15:35-41 Juan 10:27-38.
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San Ignacio Brianchaninov,
Sábado 16 de mayo 2026.
Lecturas bíblicas:
Hechos 15:35-41
Juan 10:27-38.
La Palabra nos sitúa en un umbral de madurez espiritual, sendero necesario para llegar al Pentecostés. Las lecturas de hoy, nos invitan a contemplar, desde la centralidad del Reino de Dios a través de un anuncio congruente, edificante de la Nueva Alianza, sostenido por una fe audaz, atrevida si se quiere, que se juega en lo cotidiano y se rige por la lógica de la Cruz. Esta economía del Reino, no es un ideal abstracto, sino un razonamiento desde la Verdad que se manifiesta en la capacidad de reconocer las obras de Dios en el mundo de ahí el entrenamiento del ojo del alma.
En el Evangelio de Juan, Jesús utiliza un argumento legal profundo, para defender su autoridad pero incomprensible para sus acusadores. Al citar el Salmo 82 ("Yo dije: Dioses sois"), el Señor recuerda que si la Ley llamó "dioses" a los jueces y profetas —hombres imperfectos, encargados de emitir juicios—, con cuánta mayor razón Él, a quien el Padre santificó y envió, es el Hijo de Dios. Sus obras son la prueba incuestionable de su identidad; la relación entre el Pastor y sus seguidores es indestructible porque está cimentada en la divinidad misma. Jesús nos pide aceptar sus obras, una oportunidad de fe que los fariseos dejaron pasar por la ceguera espiritual, pero que para nosotros es el fundamento de nuestra propia Theosis participación por filiación divinización por adopción.
Esta divinización del hombre se pone a prueba en la realidad humana, tal como vemos en el libro de los Hechos típico de querer razonar pero desde el ego. La discordia acalorada entre Pablo y Bernabé por la presencia de Juan Marcos nos muestra que incluso en los cimientos de la Iglesia existen diferencias muy marcadas recordando nuestra naturaleza y como debemos trabajar los valores y virtudes del Reino. S. Pablo, en su celo apostólico, rechaza inicialmente a quien abandonó la misión Juan Marcos. Sin embargo, lo extraordinario, en el conflicto, es el desenlace, que sólo el Espíritu Santo puede dar: años después, el Apóstol de las naciones habla con dulzura y reconocimiento de Marcos, se encomienda a él, le solicita, y reconoce su utilidad, cubriendo así el pasado con amor fraterno. Este cambio no es solo madurez humana, sino una obra del Paráclito; sin el Espíritu, el juicio de Pablo habría sido definitivo y limitante.
San Ignacio de Antioquía advertía que el Espíritu Santo huye de los corazones que guardan resentimiento. Por ello, como enseña San Ignacio Brianchaninov, el perdón sin rencor no es solo una virtud moral, sino una necesidad biológica espiritual, es el hospital de la caridad abrazando la Cruz, Si Pablo no hubiera perdonado, su camino hacia la Theosis se habría estancado e incluso retrocedido. Es la humildad de Pablo la que restaura la comunión y permite que la misión siga adelante sin mancha ni tacha. La fe audaz se manifiesta aquí en seguir predicando a pesar de la separación, entendiendo que a veces la divinización para que de fruto, implica soltar manos queridas, implica no nuestros gustos, ni opiniones personales, todo para que la misión se expanda. Para sacar provecho de estas lecturas rumbo al Pentecostés, debemos entender que la madurez espiritual, el entrenamiento sabio de las facultades perceptivas, consiste, en pensar en el otro, al estilo de San Paisios el Athonita: sin rencor y buscando solo la unión. La identidad de Cristo en nosotros se demuestra cuando nuestras obras reflejan esa capacidad de perdonar desde nuestra propia fragilidad. Debemos solicitar al Espíritu que nuestras obras sean "divinas" en su calidad, no como simple filantropía, sino como una caridad sobrenatural, cómo predicadores del Reino y testificadores de la verdad, que obliga de antemano vivir el agape en este mundo, a reconocer que Dios habita en nosotros. Al limpiar el corazón de juicios y amarguras, preparamos el cenáculo interior, el ojo del corazón para que el Paráclito encuentre una morada digna, transformando nuestras diferencias humanas en una misión multiplicada por la gracia.
Gracias.

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