BUENOS CONOCIMIENTOS* El sexto mandamiento del Nuevo Testamento: _Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios._


 *BUENOS CONOCIMIENTOS*                                                                                                            El sexto mandamiento del Nuevo Testamento: _Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios._


Cada día, un cristiano se dirige a Dios con las palabras del salmista: «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro» (Salmo 51). El corazón es el centro espiritual de una persona. «Bienaventurados los de corazón puro»: aquellos libres de pensamientos y deseos pecaminosos. Para los cristianos, es importante no solo evitar pecar visiblemente, sino también abstenerse de pensamientos pecaminosos, porque todo pecado comienza con un pensamiento y solo después se materializa en acción.


El Salvador advirtió sobre lo peligrosos que pueden ser los pensamientos: «Del corazón del hombre proceden los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias» (Mateo 15:19). Una persona con un alma impura y pensamientos impuros es propensa a cometer pecados visibles más adelante.


Un sinónimo de pureza de corazón es sencillez. El antónimo es engaño. La pureza de corazón también implica una conciencia tranquila.


En relación con este mandamiento, es necesario abordar dos conceptos del ascetismo ortodoxo: la purificación de la mente y el cuidado de la mente y el corazón (incluso podría decirse higiene mental). Lo que vemos, oímos y leemos es en lo que pensamos. Si pasamos toda la noche viendo programas de entrevistas y programas políticos o regresando de un banquete ruidoso, apenas podemos soñar con una oración atenta y concentrada.


Podemos establecer una analogía con la alimentación: evaluamos cuidadosamente lo que comemos, temiendo intoxicarnos o dañar nuestro cuerpo. Lo mismo ocurre con el alma. ¿Cómo se nutre? A través de los cinco sentidos; el alma posee cinco "esófagos" espirituales, siendo el principal el visual, seguido del auditivo. Así como la mala comida puede dañar el cuerpo, la información dañina puede dañar el alma.


El resultado de cumplir este mandamiento es el conocimiento de Dios. Una persona religiosa reconoce y siente la presencia de Dios. Un requisito indispensable para conocer a Dios, además de la fe, es el estado moral de la persona, la purificación del alma de las pasiones. Este mandamiento no solo habla del estado más elevado —la contemplación espiritual del Dios invisible—, sino también de ser conscientes de su presencia en el mundo que nos rodea, algo accesible a todos.

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