Miércoles 26 de agosto Texto diario de meditación. Anagnosis.
Miércoles 26 de agosto
Texto diario de meditación. Anagnosis.
«Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien una obligación que me pesa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor 9, 16).
El apóstol San Pablo humildemente ve la Puerta, le causa asombro y un impacto que lo moviliza a hacer discípulos, no como obligación legal o moral, lo hace por el mismo smo significado desde la Iglesia, el ve la luz Increada en Damasco como los otros apóstoles en el monte, no se jacta, vimos ya su sutil argumento "nosotros también pertenecemos a Cristo".
Se anuncia la benevolencia en el reconocimiento de la alabanza y agradeciendo de los santos que de buena gana están predispuestos a ayuda en el ágape, viendo ya el rostro de Cristo.
Vestirse del nuevo hombre, es permitir que el escudo divino este frente nuestro, El Dios majestuoso detiene los proyectiles de dolor, calumnias, persecución, nos da la ataraxia, se necesita ser justo al sentir la tristeza de Dios, al no querer alejarlo de nuestro lado. El estar atento es Nepsis, al estar como vigía mirando el horizonte, ante el peligro, no es de alarma pero si de una dulce predisposición al esperar su presencia que disfrutamos en nuestro ojo del corazón.
Ser portador de luz, en este mundo, es mediante una conducta sin mácula es ya un testimonio, de acudir a esa torre fuerte, pronunciar con dignidad en nombre de Dios, permaneciendo crucificados con Cristo en la sencillez del corazón.
Hoy el rito de la Transfiguración (su Apódosis), testificamos, que la historia humana, en el Señor de la Historia, tiene un destino glorioso: ser transformada por la Luz increada del Tabor, ser tabóricos.
La prueba más convincente es que cada Divina Liturgia, muestra el Hades ha sido vaciado, la espiritualidad de la ortodoxia, nos muestra el camino, desde el bautismo recibimos los "paramentos" que no son de tela, sino de luz, virtudes y una conciencia veraz. La pureza la oración centrante, las virtudes, el servicio con un corazón entero no dividido sirviendo a Dios desde el don recibido.

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