Prólogo de Ohrid Menú 17.09.2026 04.09.2026 4 de septiembre según el calendario de la Iglesia 1. El Santo Hieromártir Babylas
Prólogo de Ohrid
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17.09.2026
04.09.2026
4 de septiembre según el calendario de la Iglesia
1. El Santo Hieromártir Babylas
Este «hombre grande y maravilloso, si es que se le puede llamar hombre», como lo describió San Juan Crisóstomo, fue obispo de Antioquía durante el reinado del malvado emperador Numeriano. Numeriano firmó un tratado de paz con un rey bárbaro, más noble y pacífico que él. Como muestra de su sincero deseo de una paz duradera, el rey bárbaro entregó a su hijo pequeño para que fuera criado y educado en la corte de Numeriano. Un día, Numeriano apuñaló a este niño inocente con sus propias manos y lo ofreció en sacrificio a los ídolos. Aún acalorado por el crimen y la sangre inocente, este criminal con corona de emperador fue a una iglesia cristiana para ver qué sucedía allí. San Babylas estaba orando con la gente y oyó que el emperador había llegado con su séquito y deseaba entrar en la iglesia. Babylas interrumpió el servicio religioso, salió a la iglesia y le dijo al emperador que, por ser idólatra, no podía entrar en el templo sagrado donde se glorificaba al único y verdadero Dios. En una homilía sobre Babylas, San Juan Crisóstomo dijo: «¿A quién más en el mundo temería, a él que, con tal autoridad, rechazó al emperador?... Con esto, enseñó a los emperadores a no extralimitarse en su autoridad más allá de los límites que Dios les había conferido, y también mostró al clero cómo usar la suya». El emperador, avergonzado, regresó, pero planeó su venganza. Al día siguiente, mandó llamar a Babylas y lo reprendió, instándolo a ofrecer sacrificios a los ídolos, a lo que el santo, por supuesto, se negó rotundamente. Entonces, el emperador ató a Babylas y lo encarceló. El emperador también torturó a tres niños: Urbano, de doce años, Prilidiano, de nueve, e Hipólino, de siete. Babylas era su padre y maestro espiritual, y ellos, por amor a él, no habían huido. Eran hijos de Cristódula, una honorable mujer cristiana que había sufrido por Cristo. El emperador ordenó primero que cada niño fuera golpeado con un número de golpes correspondiente a su edad, y luego los hizo encarcelar. Finalmente, los mandó decapitar a los tres con la espada. Babylas, encadenado, presenció la decapitación y los animó. Después, él mismo colocó su honorable cabeza bajo la espada. Fue enterrado encadenado por los cristianos, en la misma tumba que aquellos tres niños prodigiosos, tal como había deseado antes de su martirio. Sus santas almas ascendieron a su morada celestial, mientras que sus reliquias milagrosas permanecieron para beneficio de los fieles, como testimonio constante de su heroísmo en la fe. Sufrieron martirio alrededor del año 250.
2. El Santo Profeta Moisés, el vidente de Dios.
Moisés fue un gran líder y el legislador de Israel. Nació en Egipto alrededor del 1550 a. C. Durante cuarenta años vivió en la corte del faraón; durante cuarenta años vivió como pastor en contemplación de Dios y del mundo; y durante los cuarenta años restantes guió al pueblo a través del desierto hasta la Tierra Prometida. Vio la Tierra Prometida, pero no se le permitió entrar en ella, porque una vez había pecado contra Dios (Números 20:12). Moisés reposó a la edad de 120 años. Como hacedor de milagros, fue una prefiguración de Cristo, según San Basilio el Grande. Apareció del otro mundo en el Monte Tabor durante la Transfiguración del Señor. Según el testimonio de San Juan Clímaco, también se apareció a los monjes en el Monasterio del Monte Sinaí.
3. Los Santos Mártires Marcelo y Casiano
El emperador Maximiano Hércules una vez emitió una orden de que todos sus soldados debían ofrecer sacrificios a los ídolos. Marcelo era soldado en aquel entonces, y Casiano era notario (secretario). Marcelo, cristiano, declaró: «Si la vocación militar implica sacrificar ídolos, ¡entonces no puedo ser soldado!». Se quitó el cinturón y las armas y las arrojó a un lado. Inmediatamente fue condenado a muerte. Casiano tenía la obligación de redactar la sentencia de muerte de Marcelo, pero se negó a hacerlo. Ambos fueron decapitados, y sus almas moraron en el Reino de los Cielos.
Himno de alabanza
El Santo Hieromártir Babylas
Ante las puertas del santo templo
El maravilloso pastor se mantuvo valientemente.
El sanguinario emperador quiso entrar,
Pero el pastor no se lo permitió.
``No sabes nada del verdadero Dios;
Te postras ante ídolos.
¿Qué buscas, vil pagano,
Entre cristianos de fe?''
El obstinado emperador se volvió violento
Y encadenó a Babylas.
Sin embargo, sonriendo al emperador,
Babylas glorificó a Su Señor.
Y el emperador se burló del santo:
``Mira, estas cadenas te quedan bien,
Justo a tu medida, despreciable viejo, ¡
Como si hubieran sido hechas a medida para ti!''
Así habló el emperador, y guardó silencio.
Y Babylas respondió al emperador:
``Te juro que este hierro
Es más precioso para mí que el oro.
``¡Estas cadenas tienen más valor
Que tu diadema real!
Oh Emperador, las valoro Más
Que todo tu reino.
``Porque llevo estas cadenas por Cristo.
Son el precio de mi libertad,
porque moraré en la eternidad,
y por estas cadenas entraré en ella.
Reflexión
A saint's power after his death is often many times greater than in life. ``That is why God left us the relics of the saints,'' says St. John Chrysostom in his unsurpassable homily on St. Babylas. St. Babylas was buried in the city of Antioch. At that time, Emperor Gallus-the brother of Julian the Apostate-was reigning together with Constantius, the son of Constantine the Great. Inspired by piety, Gallus translated the relics of St. Babylas to the outskirts of Daphne and built a small church, placing the relics of the martyr in it. There was a famous temple of Apollo in Daphne, built on the spot where, according to a pagan legend, a virgin had turned into a laurel tree in order to be saved from the ``god'' Apollo, who was pursuing her out of unrestrained fleshly passion for her. There stood the idol of Apollo, which allegedly could foretell anyone's future. But, as the relics of Babylas now rested in the vicinity of the temple, the demon from the idol fell silent and ceased making prophesies. Later, when Emperor Julian the Apostate set out on his catastrophic war with the Persians, he visited the temple of Apollo and consulted the idol about the outcome of his impending war. The idol responded with trepidation that it could not render a clear response ``because of the dead'' buried in its proximity. Of course, that pertained to Babylas, the presence of whose body had silenced the demon. Julian ordered that the relics of Babylas be transported back to Antioch. However, as soon as the relics of the martyr were removed, fire fell from heaven and consumed the temple of Apollo, destroying it forever. Julian set out against the Persians and his blasphemous life came to a horrible end. Such was the power of Christ's martyr after death: he silenced the demon, brought down fire from heaven, destroyed the idolatrous temple, and punished the apostate emperor with a dishonorable death.
Contemplation
Contemplate God's punishment of David for his sins (II Samuel 15):
1. How Absalom, David's son, raised a rebellion against his father;
2. How David fled from Jerusalem before his son, and went barefoot and wept.
Homily
on the changing of water into wine
This beginning of miracles did Jesus in Cana of Galilee (John 2:11).
Nuestro Dios es Todopoderoso; su poder no tiene límites y es indescriptible. Él creó todo lo creado por su Palabra: «Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos» (Salmo 33:6). Por su Palabra, creó el cuerpo del hombre. Por la Palabra de Dios, la tierra inerte se transforma en cuerpos de hombres, animales y plantas. Por la Palabra de Dios, el agua que fluye se convierte en vapor, y el vapor en hielo y nieve. Por esta misma Palabra, el agua de la vid se convierte en vino, vino que alegra el corazón del hombre (Salmo 104:15). Por lo tanto, ¿cuán difícil milagro fue para la Palabra de Dios Encarnada —Cristo nuestro Señor— transformar el agua en vino en Caná? Para nosotros, los hombres, oscurecidos por el pecado, este es un gran milagro; para nuestra naturaleza, debilitada por el pecado, es un milagro inalcanzable. Sin embargo, ¿acaso no es la obra de milagros la ocupación habitual del Creador? Cuando los sirvientes llenaron los seis grandes vasos de agua, el Señor Jesucristo les dijo: «Saquen ahora y lleven al encargado del banquete» (Juan 2:8). Ni siquiera dijo: «Que el agua se convierta en vino», simplemente lo pensó. Porque los pensamientos de Dios tienen el mismo poder que sus palabras.
¿Por qué se dice que este fue el «principio de los milagros», cuando parece que, mucho antes de este milagro, el Señor obró otros milagros? Porque, hermanos, la transformación del agua en vino es el milagro fundamental de Cristo, y es la esencia de todos sus milagros. La naturaleza humana estaba diluida por sus propias lágrimas, y era necesario transformarla en vino. La chispa divina en el hombre se había extinguido, y era necesario reavivarla. La enfermedad es como el agua, la salud es como el vino; las impurezas de los espíritus malignos son como el agua, la pureza es como el vino; la muerte es como el agua, la vida es como el vino; la ignorancia es como el agua, la verdad es como el vino. Por eso, siempre que el Señor sanaba a los enfermos, purificaba a los impuros, daba vida a los muertos e iluminaba a los hijos pródigos, transformaba el agua en vino.
Oh Señor, Dios nuestro, milagroso transformador del agua en vino: trae tu llama divina a nuestro hogar apagado. Transforma el agua de nuestro ser en vino divino, para que seamos semejantes a ti y así podamos morar contigo en tu reino inmortal, con tus ángeles radiantes.
A ti sea la gloria y la alabanza por siempre. Amén.
Fuente: www.rocor.org.au
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